El auto era de su tío y llevaba años guardado en un depósito, hasta que Agustín Marteliano decidió ponerlo en condiciones y darle vida nuevamente. Hoy, con apenas 19 años, recorre las calles de Río Cuarto en un histórico Ford Fairlane fúnebre que se roba todas las miradas.
Entre bocinazos, saludos y reacciones de sorpresa, Agustín cuenta con mucha simpatía cómo la gente se queda mirando cada vez que lo ve pasar. Una historia de pasión por los fierros y por rescatar algo completamente distinto.












